En estos días debe estar siendo
juzgado en los Estados Unidos, el ex presidente de Enron,
Jeffrey K. Skilling. Todo hace presumir que seguirá los mismos
pasos de los ex presidentes de WorldCom y Tyco, quienes fueron
sentenciados por el cometimiento de delitos contables a 25 y 8
años de cárcel respectivamente. ¿Qué consecuencias
positivas nos trajeron estos escándalos? Pues la formación
de principios y Códigos de Buen Gobierno que se
originaron en Estados Unidos a mediados de los años 70 (1973),
como consecuencia del escándalo Watergate y de las
investigaciones que con relación al mismo se llevaron a cabo y
que sacaron a la luz pública que algunas sociedades
estadounidenses habían realizado durante los años anteriores,
contribuciones ilegales a la financiación de la campaña
electoral del Presidente Nixon, así como pagos de sobornos a
altas personalidades de gobiernos extranjeros. Estas
revelaciones como no podían ser de otra manera, crearon la
conciencia generalizada de que las prácticas de gobierno y
dirección de las sociedades cotizadas y las medidas de control
del management establecidas, tanto por los legisladores,
organismos supervisores y el mercado, así como por las
sociedades mismas, eran inadecuadas e ineficaces y de que
resultaba necesario proceder a su revisión a través de reformas
legislativas y de los organismos reguladores del mercado de
valores de dicho país, lo cual aconteció de inmediato y dio
lugar a una serie de debates, discusiones doctrinales, proyectos
y propuestas que agrupados bajo la rúbrica de Corporate
Governance, buscaban entre sus principales objetivos, el
mejorar en su conjunto las prácticas de gobierno de las grandes
sociedades, así como generar confianza en el mercado de
capitales y, de esa forma promover la equidad, la
transparencia y la responsabilidad de las empresas.
¿Qué se ha hecho en el Ecuador y en
nuestro entorno andino al respecto? Pues algunas cosas y
por cierto bastante alentadoras. Por una parte, con
ocasión del XV Consejo Presidencial Andino celebrado en Quito en
julio del 2004, los Presidentes de estos países invitaron a las
empresas de la subregión a adoptar el “Código Andino de Gobierno
Corporativo” elaborado por la CAF, con la esperanza de que
sirva de instrumento para el desarrollo, competitividad y
eficiencia del sector empresarial de nuestros países; y,
por otra, contamos desde el 2005 con un proyecto de Ley
reformatoria a la Ley de Compañías, propuesta por iniciativa del
Señor Superintendente de Compañías al Congreso Nacional, en el
que constan enunciados de buen gobierno corporativo como
es el que se robustezcan las responsabilidades de los
directorios de las compañías anónimas a través de la
autorregulación, sugiriendo por ejemplo que éstos escojan
de entre sus miembros a personas técnicamente formadas y
en lo posible no accionistas; que transparenten el flujo de
información financiera y de gestión, tanto interna como
externamente, y de que establezcan un equitativo
tratamiento en el aspecto económico, tanto de los
accionistas como de los administradores de las sociedades.
¿Debemos pues como país y
región, incorporar por la vía de autorregulación o de una
Ley, principios de Buen Gobierno Corporativo? La respuesta
nos la da Wang Horng, unos de los Gerentes con lo que cuenta la
Bolsa de Valores de Sao Paulo: “Si quieres atraer
inversionistas, buscar recursos en el mercado y valorizar tus
acciones, es necesario que transmitas confianza”.